Arroceros se preparan para los mercados de carbono

La participación en mercados de carbono abre la posibilidad de que junto con disminuir el impacto de la producción alimentaria sobre el entorno, se generen ingresos adicionales. La producción de arroz busca sumarse a esta iniciativa al hacerse parte de una plataforma que podrá medir cuánto carbono secuestran.

Producir alimentos genera, inevitablemente, un impacto en el medioambiente. Y hoy, con el cambio climático aumentando los peaks de temperaturas y desastres de distintos tipos, se vuelve clave que se sigan produciendo alimentos, pero disminuyendo su impacto en el medio ambiente.

La producción de arroz, el grano más consumido en el planeta, tiene un alto impacto ambiental, ya que por una parte utiliza altos volumenes de agua –aunque en los últimos años aparecen técnicas de cultivo en seco- y por otro lado se le acusa de ser el responsable de cerca del 10% de las emisiones de metano, de acuerdo a un informe de 2022 del Banco Mundial.

Sin embargo, hoy la producción podría verse beneficiada por los mercados de carbono.

Es en esta línea que desde el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) trabajan en una plataforma habilitante para la participación de productores de arroz en esos mercados. La plataforma, que comenzó su implementación en agosto de 2025 y tiene como plazo de duración 2 años, busca generar una hoja de ruta con las condiciones técnicas institucionales y operativas necesarias para facilitar la incorporación de los productores arroceros a ello.

‘Nos dimos cuenta de que hay experiencias internacionales que han ido avanzando en estas temáticas y que han tenido buenos frutos de participación en mercados de carbono. Lo que busca esta iniciativa es crear una hoja de ruta que permita ir orientando, entregando lineamientos en actividades, en responsables, en plazos tentativos para los arroceros’, explica Dominique Naves, coordinadora nacional del proyecto.

Es debido a esto que los expertos del IICA proponen que la producción arrocera del país entienda este impacto y que ajuste su producción a lo que requiere en la actualidad el medio ambiente. Sin embargo, conseguirlo no es fácil, especialmente porque implica cambios complejos y que no son baratos.

‘Este desafío tiene una posibilidad de solución encontrando incentivos económicos para que los agricultores puedan implementar mejores prácticas y estos incentivos están asociados a mercados de carbono. El problema es que estos mercados son una tecnología superinteresante, hay recursos que están disponibles, pero son muy complejos en términos de gestionar para empresas como las agrícolas’, dice Fernando Barrera, coordinador técnico de la representación del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura en Chile.

Explican que el proyecto busca generar un acercamiento para los agricultores sobre cómo funcionan estos mercados para así hacer factible que este tipo de productores pueda participar.

Aquí la propuesta es seguir modelos de otros países que ya lo implementaron, como varios en Asia, en donde iniciativas similares a esta han permitido el desarrollo de proyectos que obtienen ingresos adicionales a través de los bonos de carbono y, además, producen de manera más sostenible, lo que también genera un beneficio económico.

Cómo funciona la plataforma

El proyecto tiene tres pilares: El primero es desarrollar hojas de ruta para entender qué acciones deberían realizar los distintos actores, tanto del sector público como del sector privado, para habilitar y lograr que estos proyectos vinculados a los mercados de carbono efectivamente se desarrollen.

El segundo componente es la capacitación, y está orientado principalmente a agricultores, asesores y personas de la industria, para que entiendan cómo funcionan estos mercados.

El tercer pilar es muy importante. Para que los proyectos de mercados de carbono funcionen, operan bajo una lógica similar a la de las certificaciones.

‘En ese sentido, el proceso de certificación es fundamental, porque entrega garantías a los compradores de que las toneladas de CO2 equivalente que se dejaron de emitir son reales. Esto tiene dos implicancias. Por una parte, realizar esa certificación puede ser muy costoso, lo que puede hacer que algunos proyectos sean inviables. Por eso, el proyecto busca reducir esos costos mediante la incorporación de herramientas digitales’, dice Barrera.

Por otra parte, explica, el mecanismo conocido como MRV —monitoreo, registro y verificación— es determinante para el precio final de los bonos de carbono, ya que funciona como una garantía de que las reducciones reales. Eso es lo que se conoce como la integridad de los bonos, un elemento clave que influye directamente en su valor. ‘Este tercer pilar, es uno de los aspectos más importantes porque puede marcar la diferencia entre que un proyecto sea viable o no’, comenta Barrera.

Hernán Chiriboga, representante del IICA en Chile, menciona que desde hace un tiempo vienen trabajando en mejorar la sustentabilidad del rubro. ‘Logramos reducir el uso de agua desde 25 mil metros cúbicos por hectárea a entre 10 mil y 11 mil metros cúbicos, lo que representa un ahorro significativo. Además, se ha conseguido disminuir las emisiones de metano en alrededor de un 35% e incluso, en algunos casos, hasta un 40%. Es un resultado que refleja el esfuerzo de los productores por implementar prácticas más sustentables’.

También, comenta que lo que busca esta plataforma es encontrar mecanismos para que reciban una compensación económica por su esfuerzo en el ahorro de agua y la reducción de emisiones de metano.

‘La plataforma ya está bastante avanzada y el objetivo es implementar un sistema de pagos por servicios ambientales para los productores que adopten estas buenas prácticas. En una primera etapa estará enfocada en el cultivo de arroz, pero la idea es que, en el futuro, pueda extenderse a otros cultivos e iniciativas. Así, los productores de arroz que implementen sistemas de riego más eficientes y reduzcan sus emisiones de metano podrán recibir un incentivo económico por su buena gestión y sus buenas prácticas agronómicas’, afirma Chiriboga.

En el marco de la alianza entre el ICCA y Transforma Cambio Climático, de Corfo, es que este último está apoyando las prácticas sustentables en arroceros del país.

Isnardo López, coordinador de iniciativas de Transforma Cambio Climático, explica que la importancia de este proyecto ‘radica en que no solo promueve una agricultura más alineada con los desafíos del cambio climático y la escasez hídrica, sino que también abre la posibilidad de generar nuevos incentivos económicos para los productores, vinculados a los mercados de carbono y a mecanismos de monitoreo, reporte y verificación digital.

En este sentido, es una buena iniciativa porque permite transformar los avances técnicos en oportunidades concretas para los agricultores, favoreciendo la adopción de prácticas sostenibles, fortaleciendo la competitividad del sector arrocero chileno y contribuyendo a una producción con mayor valor ambiental’.

Fuente: Revista del Campo, de El Mercurio