En el marco de la Feria Regional de Proyectos de Servicios Ecosistémicos FSC América Latina 2026, realizado en Puerto Iguazú, Argentina, la líder del programa de Corfo destacó que la confianza, la verificación independiente, la trazabilidad, la medición comparable y la participación de las comunidades son condiciones clave para que los proyectos basados en naturaleza puedan pasar de iniciativas puntuales a soluciones capaces de movilizar financiamiento de largo plazo.
La transición desde proyectos de servicios ecosistémicos que dependen de aportes puntuales hacia iniciativas capaces de movilizar financiamiento de largo plazo requiere un cambio en la forma de diseñarlos, medir sus resultados y vincularlos con las necesidades de las empresas. Esa fue una de las principales conclusiones planteadas por Irina Reyes, gerenta de Transforma Cambio Climático de Corfo, durante su participación en la feria regional del Segundo Foro Servicios Ecosistémicos FSC América Latina “Del impacto medido al impacto financiado”, que tuvo lugar el 8 y 9 de septiembre en Puerto Iguazú, Argentina.
El objetivo de este encuentro estuvo en generar un espacio regional de intercambio entre titulares de proyectos FSC de Servicios Ecosistémicos y organizaciones interesadas en comprender mejor las tendencias, expectativas, oportunidades y criterios que influyen en las decisiones relacionadas con iniciativas de conservación, restauración y soluciones basadas en la naturaleza.
La invitación a participar en esta instancia puso de relieve que medir el impacto es una condición esperable, pero no suficiente para financiar proyectos de servicios ecosistémicos. Para convertirse en alternativas atractivas para terceros, estas iniciativas deben combinar evidencia verificable, gobernanza, trazabilidad, métricas comparables, participación territorial y una conexión clara con los riesgos y objetivos estratégicos de las empresas.
Desde la experiencia del programa público-privado que lidera en Chile, la gerenta de TCC explicó que Transforma Cambio Climático no entrega fondos directamente, sino que acompaña a las empresas a que puedan avanzar en la estructuración y financiamiento de proyectos basados en naturaleza. En ese contexto, compartió tres aprendizajes que, a su juicio, resultan determinantes para aumentar las posibilidades de que estas iniciativas logren respaldo empresarial sostenido.
Según explicó, el primero de ellos es la confianza, elemento que debe construirse sobre reglas claras y mecanismos objetivos que permitan demostrar los resultados de los proyectos. “La confianza se gana con una gobernanza clara y una verificación por tercera parte, no un autorreporte”, subrayó.
En su exposición, señaló que un proyecto de servicios ecosistémicos no puede sustentarse únicamente en la calidad de su relato o en la declaración de sus impactos. Para atraer recursos de terceros necesita entregar certezas respecto de cómo se toman las decisiones, cómo se verifican los resultados, cómo se distribuyen los beneficios y qué ocurre frente a eventuales incumplimientos.
En esa línea, destacó que las iniciativas con mayores posibilidades de obtener respaldo en el tiempo son aquellas que incorporan gobernanza clara, trazabilidad y verificación independiente, elementos que permiten reducir las incertidumbres para quienes evalúan invertir en ellas. “Los proyectos que logran respaldo en el largo tiempo, no una donación puntual, no un shot de recursos, son los que tienen gobernanza clara, trazabilidad verificable por un tercero”, indicó.
El segundo desafío identificado por la gerenta de Transforma Cambio Climático fue la capacidad de medir y comunicar el impacto utilizando un lenguaje que sea relevante para las empresas. En particular, planteó que los beneficios asociados a la naturaleza deben traducirse a variables que permitan incorporarlos a la gestión de riesgos y a las decisiones de inversión.
“Aunque su nombre es Transforma Cambio Climático, el programa no es una agenda ambiental, es una agenda de competitividad en la que ayudamos a las empresas a incorporar los riesgos climáticos a su estrategia empresarial”, explicó Reyes.
Así, dijo, un proyecto basado en naturaleza que busque financiamiento debe ser capaz de demostrar de manera comprensible qué riesgo aborda, qué impacto genera, cómo puede ser medido y qué valor aporta a la continuidad de las operaciones. Esta conexión permite pasar desde una lógica asociada exclusivamente a la responsabilidad ambiental o social hacia una mirada vinculada directamente con la gestión empresarial.
Irina Reyes también llamó a avanzar hacia sistemas de medición que permitan comparar los resultados entre proyectos, evitando que la proliferación de metodologías y estándares termine elevando innecesariamente los costos y los tiempos de implementación.
Una nueva lógica de operar
El tercer elemento al que se refirió es la participación efectiva de las comunidades locales y la alineación estratégica con los objetivos de las empresas, algo, dijo, que ha sido bien entendido por el FSC (Forest Stewardship Council). Las iniciativas que logran perdurar no son solo aquellas instaladas únicamente en los territorios donde opera una compañía, sino las que incorporan a las comunidades y se articulan con objetivos empresariales previamente definidos, agregó.
“En Chile, por ejemplo, lo vemos con el SBAP, con distintos fondos verdes del clima que están trabajando en lo que hoy se llama restauración de paisajes. Trabajamos a nivel de paisaje y eso es la tendencia que veo en la economía productiva. Pasar de una lógica de responsabilidad social a una lógica de gestión de riesgo y de continuidad operativa. Los proyectos de naturaleza que entienden eso van a ser los mejores aliados empresariales”, apuntó.
Por su lado, Regina Massai, directora ejecutiva FSC Chile, señaló, que “la participación de Transforma Cambio Climático en el foro FSC permitió reforzar la necesidad de avanzar desde una etapa centrada en verificar el impacto positivo en naturaleza hacia una nueva fase, en la que ese impacto pueda convertirse en un activo capaz de movilizar inversión y contribuir simultáneamente a la resiliencia de los territorios y a la competitividad del sector productivo, dos pilares fundamentales para el futuro de Chile”.

